lunes, 19 de febrero de 2018

Poncho Pilates (Charlie Charmer) (y II)

(Resumen de lo publicado: El monstruo del bosque, un feroz pelecanímimus se aproxima a Poncho con las fauces abiertas. Nuestro protagonista se prepara para el fin)


- ¿Dónde está el rey? –dijo la bestia.

- El… rey. No sé –contestó lánguido el coleóptero, abriendo un solo ojo, en espera de la dentellada que acabaría con sus preocupaciones.

- Qué raro… suele ser puntual.

- ¡Salve, Toribio! –dijo un todavía púber iberonepa al que portaban en un baldaquino, rodeado de una cohorte de chinches vestidos con suntuosas capas y ostentosos sombreros de fieltro.

- Ah, estás aquí. Ya decía yo…

Poncho no lograba comprender que se pudiera dialogar como si tal cosa con un monstruo al que cada día se debía rendir tributo de sangre. Por muy educados que fueran los nipas, aquello excedía claramente cualquier regla de cortesía.

- ¿Me has preparado ya el almuerzo de hoy? –continuó el pelecanímimus.

- Pues, verás. La población reclusa se ha reducido drásticamente, pero aún tenemos algún delincuente común en los calabozos…

- No perdamos el tiempo con cháchara, entonces. Ya es bastante desagradable toda esta situación –dijo Toribio, sacudiéndose el fango de las patas para volverlas a introducir en el mismo sitio.

Puesto en pie sobre su mínimo hábitat insular, el empresario asistía atónito a aquella surrealista discusión sobre política penitenciaria, sin dar crédito a cuanto oía. Los humores digestivos con que la cercana respiración del dinosaurio le había obsequiado debían tener efectos psicoactivos y estaba alucinando.

- Es que creo que hoy podemos ofrecerte una opción mejor –dijo el joven monarca.

- Tú diras.

- Hay un tipo de violencia que se ejerce de modo manifiesto sobre los semejantes –tomó la palabra el chambelán, que ejercía de valido, ante la mirada solícita de su soberano- y otra subrepticia, más difícil de focalizar pero cuyos efectos son aún más devastadores.

- ¿Qué quieres decir?

- El capital oprime a los trabajadores, sometiéndoles a su mandato imperativo, ya que la única alternativa que resta a la esclavitud es el hambre. Este escarabajo es un explotador que nos tiene subyugados ante la perspectiva del paro, pues nuestra tierra es pobre en recursos y carecemos de toda industria…

- Pero, ¿qué estás diciendo, desgraciado? –dijo Poncho, cuyo caparazón estaba tomando un poco saludable tono bermejo- Eso no es verdad. Yo siempre he mirado por el bien de este pueblo. No estaría aquí si no…

- Tenemos testigos –le interrumpió el chambelán.

Judas surgió de su escondite, tras la comitiva real. Atraída por el rumor de que la víctima propiciatoria de aquella jornada no sería un belostomátido, la gente empezaba a asomar por los alrededores, con cierta cautela pero mayor curiosidad.

- Cuanto ha dicho Su Señoría es cierto, señor –afirmó Judas-. Soy el encargado de la gestión del gimnasio del señor Pilates, conforme a sus instrucciones, que son, en resumen, maximizar beneficios y minimizar costes. Solo le preocupa disfrutar de sus extractos bancarios.

- ¡Judas! –le espetó el coleóptero- ¿cómo puedes soltar tal sarta de mentiras y quedarte tan ancho? ¿qué te han prometido? ¿acaso quieres quedarte con el negocio de esta forma tan vil? Podrías habérmelo dicho, te lo habría traspasado. Ya estoy viejo y cansado, y sabes que estaba empezando a pensar en retirarme...

Toribio el pelecanímimus asistía a aquel espectáculo insólito, algo desorientado por el curso de los acontecimientos. Miraba a unos y a otro sin terminar de comprender lo que estaba pasando. La gente había comenzado a formar un corro y cuchicheaban sin pudor, olvidando su tradicional sentido de la urbanidad.

- Señor –continuó Judas-, de todos es conocido cómo hacen su fortuna los escarabajos peloteros. Empleados por los banqueros saurópodos, se encargan de separar sus gastrolitos, nuestra moneda, del resto de los desechos procedentes de su digestión con los que hacen esas gigantescas bolas que almacenan en sus despensas y no declaran a Hacienda, al considerarse residuos sin valor en la normativa numismática. No conformes con este alegal pago en especie y el sueldo que tienen asignado, camuflan entre los excrementos pequeños gastrolitos, los más valiosos, que ingresan en paraísos fiscales o invierten en empresas que les hagan aún más ricos.

- No puedo hablar por mis semejantes –dijo Poncho con la voz quebrada bajo la atenta mirada de la multitud, expectante-, pero yo jamás he robado un gastrolito. Aún siendo cierto que la legislación fiscal no grava las bolas con las que alimento a mis hijos, esto no debe atribuirse sino a quien hace las leyes. Aunque quisiera declarar su valor, la Administración Tributaria no les daría ninguno. Mis inversiones han sido siempre fruto del esfuerzo y del ahorro. Comencé con un pequeño gimnasio en un cuartucho en el que apenas cabían cuatro o cinco clientes, con la intención de que mis conciudadanos redujeran su nivel de colesterol y de que mis hijos no tuvieran que dedicarse a la desagradable misión de escarbar entre los restos de los saurópodos…

- Ahora nos vas a contar que no te gusta la mierda…

- Pues claro que me gusta, ¿a quién no? –el pelecanímimus torció el gesto. Aquellos comentarios contribuyeron un poco a calmar su voraz apetito-. Lo desagradable es encontrar a compañeros aplastados por las pisadas de algún saurópodo despistado o que el resto de especies te señalen con el dedo acusándote sin pruebas de apropiarte de lo ajeno. Mi método de gimnasia tuvo una aceptación inmediata y casi me vi obligado a ampliar las instalaciones. Me sonrió el éxito y ahora dispongo de una cadena de gimnasios que me permite vivir holgadamente, pero no he conseguido mi objetivo. Ninguno de mis hijos se ha mostrado interesado por el negocio y solo piensan en divertirse.

- El señor Pilates me readmitió en la empresa cuando intenté establecerme por mi cuenta y fracasé –dijo una voz entre la muchedumbre.

- A mí me siguió pagando cuando me lesioné una pata y tuve que guardar cama tres meses –dijo otro-, aunque pude oír a Judas decirle que no era “un buen precedente”. Siempre se ha portado bien con nosotros.

Judas enmudeció y retrocedió intentado evadirse entre la masa, pero un alguacil le retuvo, agarrándole por el protórax.

- ¡Basta ya! –gruñó Toribio, provocando el mutismo inmediato de los congregados-. El trato era un reo al día, ¿dónde está?

Al rey comenzaron a temblarle las patas. El chambelán dio una orden al oficial más cercano, que marchó inmediatamente al calabozo.

- ¿Acaso os podéis hacer una idea de lo que supone para un depredador de más de dos metros reducir su ingesta de proteínas a un mísero insecto diario? Hace años que padezco insomnio porque mi estómago ruge rabioso toda la noche. He intentado hacerme vegetariano, pero cuando tomo mucha verdura las tripas se me revuelven y acabo descompuesto. Tengo una halitosis que a mí mismo me produce repugnancia, fruto del lamentable estado de mi sistema digestivo. No puedo vencer a mi naturaleza, por más que quiera. Deberíais estar agradecidos de que no devore toda vuestra colonia para satisfacer mi apetito, en lugar de llamarme monstruo...

- Señor, nosotros no… -dijo el reyezuelo.

- No me interrumpas. La naturaleza también me ha dotado de un oído extremadamente fino. Trato de ignorar vuestras ofensas y me limito a intentar ser coherente con mis ideas. Pensaba que érais una sociedad avanzada, que podíamos colaborar, liberándoos de los especímenes más dañiños, pero veo que no dudáis en traicionar vuestros principios en cuanto veis que podéis obtener provecho de ello ¿Qué tipo de moral es ésa?

- Señor, aquí está el reo –dijo el alguacil, estirando las antenas marcialmente.

Al infortunado chinche que le acompañaba gimoteando, cargado de cadenas, las patas no le respondían y el oficial debía fustigarle para que avanzase. Apenas era un crío.

- Tiene razón –dijo el valido real-, nosotros no somos quien para decidir cuál será la víctima más adecuada para el sacrificio. Puede devorar a este ladronzuelo incorregible, que cree que puede tomar lo que desee del almacén de larvas de libélula con la mera excusa de dar de comer a sus huérfanos hermanitos, apenas unas ninfas, o al rollizo empresario preso de ese islote, que se ha enriquecido con la excusa de acabar con el sobrepeso de sus semejantes, cuando basta verle para comprender que no es el más indicado para hablar del asunto. Hágase su voluntad, nosotros nos lavamos las patas en la charca.

El preso se desmayó y su guardián se vio obligado a sujetarlo entre sus patas para evitar que cayera al suelo. Poncho revivió el final que había previsto al ver llegar al terópodo, aunque esta vez no estaba tan seguro de que hubiera valido la pena. Desplegó los élitros y trató de agitar las alas, pero el barro se había secado y no pudo despegarlas del tórax.

El pelecanímimus estiró las suyas y las volvió a recoger. Crujió el cuello, torciéndolo a ambos lados, meneando de forma cómica la cresta y la bolsa bajo el pico. Dio un par de pasos al frente y, al removerse el lodo, quedaron al descubierto un par de peces teleósteos que salieron disparados para volver a sumergirse entre el fango, lo más lejos que pudieron.

- Ya he tomado una decisión –dijo.

El joven rey suspiró aliviado y su valido le dirigió una mirada cómplice, pavoneándose de su capacidad diplomática. El monstruo abrió sus fauces y los devoró a ambos del mismo bocado. Después siguió con todos los consejeros, alguaciles y el resto de oficiales. La multitud emprendió la carrera, aplastándose unos a otros en la estampida. Unos se sumergieron, otros salieron volando. En cuestión de segundos, tan solo quedaban en la escena el joven delincuente desvanecido, Poncho y Toribio, que se acercó a él con los restos de las patas de los hemípteros aún colgando entre los dientes, chorreando sangre. La bolsa bajo su pico estaba repleta de provisiones.

- No deberías preocuparte por el comportamiento de tus descendientes –dijo el pelecanímimus, entre eructos de satisfacción-. A fin de cuentas, solo siguen los instintos de su especie. Y tú, como yo, no nos hacemos ningún bien tratando de esquivar nuestra naturaleza. Jubílate y disfruta de lo que has conseguido con tanto esfuerzo.

- Siempre les tuve presentes. No es tan sencillo. Pero lo intentaré.

- Ha sido un placer. No es habitual encontrar a gente íntegra.

- Lo mismo digo.

- Una última cosa…

- ¿Sí?

- ¿De verdad está buena la caca de saurópodo?

- Aunque sea tirar piedras contra mi tejado, mejor sigue tu instinto. Cada uno está hecho para lo que está hecho. Ademas –esbozó una sonrisa-, no quisiera tener que competir por el alimento con alguien de tu tamaño.

- Jajaja. Sí, tienes razón. Salud, amigo.

- Salud.

El pelecanímimus se internó en la foresta aprovechando la ruta que había abierto en su llegada. Desde la charca podía escucharse el eco de una cancioncilla popular que iba gorjeando hasta que se perdió en la espesura. Poncho puso sus alas en remojo para ablandar el barro, frotándolas delicadamente con las patas traseras. “Cuando me vea mi mujer llegar con estas pintas…” Entonces, pensó que había llegado la hora de emprender aquel viaje de novios a Gondwana que no pudieron hacer en su momento. Las nubes habían desaparecido y el sol brillaba con fuerza en el centro de la bóveda celeste.

CHARLIE CHARMER

viernes, 16 de febrero de 2018

Los juguetes de dinosaurios, más peligrosos para los niños que otros juguetes, según la MADTFCIOCLLC

Mucho ojo a la noticia publicada hace algo más de un año por IFLScience (11 de enero de 2016):

Los juguetes de dinosaurios, más peligrosos para los niños que otros juguetes, según la MADTFCIOCLLC



La MADTFCIOCLLC (Moms Against Dangerous Toys For Children In Our Communities, LLC, que traducido sería algo como Madres Contra los Juguetes Peligrosos Para Niños en Nuestras Comunidades, S.L.) ha lanzado la lista de los juguetes más peligrosos para los niños, y no es extraño que la lista esté llena de juguetes de dinosaurios. Las criaturas satánicas imaginarias que algunos fabricantes han decidido que son juguetes estupendos, se sabe desde hace tiempo, que no solo asustan a algunos niños, sino que incitan a la violencia y provocan ira en otros niños. La exposición a estos juguetes probablemente sea la causa de la mayoría de los problemas de conducta que se observan en los adolescentes y puede provocar graves problemas en la edad adulta.

MADTFCIOCLLC (Moms Against Dangerous Toys For Children In Our Communities, LLC) es una organización dedicada a garantizar que nuestros niños tengan entornos llenos de juguetes seguros y no violentos que promuevan buenos valores, fomenten la amabilidad y representen salud. Los dinosaurios no entran en esta categoría

Por el bien de nuestros hijos, MADTFCIOCLLC está tomando cartas en el asunto y ha dicho que ya es suficiente. Su lista de juguetes más peligrosos es un catálogo creciente de algunos de los peores juguetes para niños de todas las edades. Las mujeres de MADTFCIOCLLC no se sorprendieron al descubrir que los juguetes de dinosaurios son los peores de todos, causando más sustos y más lesiones que cualquier otro juguete en el mercado. "Realmente, queremos echar a estos peligrosos juguetes de dinosaurios de la estantería de nuestros hijos por su seguridad", dijo la portavoz de MADTFCIOCLLC, Kim Butters.

Entre los juguetes considerados más peligrosos, se incluye un juego de investigación con dinosaurios que anima a los niños a promover la dinomentira, huevos que albergan temibles dinosaurios en su interior y "juguetes" guardianes con sensores de movimiento y "5 poderosos rugidos" que rugen a la gente y alerta a los delincuentes juveniles de que los adultos se están acercando.

"Jurassic Park lo empeoró"
Con el aumento de la popularidad de Jurassic World recientemente, no es una sorpresa que los peligrosos juguetes dinosaurianos hayan regresado. Y siguen inundando el mercado de juguetes con una venganza.

"Hemos estado varios años con todos esos juguetes de dinosaurios practicamente eliminados de los estantes", dice Butters, que se encuentra en una pequeña comunidad en las afueras de Toledo, Ohio. "En varios distritos escolares de Ohio, MADTFCIOCLLC ha eliminado completamente a los dinosaurios de los planes de estudio en el colegio. Lo que hemos comprobado aquí es que la mayoría de los niños de la zona elegían otros juguetes más sanos para jugar. Pensamos que eliminar a los dinosaurios de su plan de estudios ha jugado un papel muy importante en eso".

Esta foto sin fecha muestra unas garras de dinosaurio diseñadas para que las utilicen niños de tan solo 4 años. Estas garras están diseñadas para que los niños las usen para causar lesiones en los ojos y en la cara a sus amigos y familiares

Pero Hollywood mostró su peor cara, y los niños de Ohio y del resto del país, están siendo atacados. "Antes, la propaganda hollywoodiense no se les metía en la garganta a diario", dijo Butters. "Jurassic World lo ha hecho mucho peor. Ahora casi todos los niños lo ven en la juguetería. Y es frustrante".

Los dinosaurios son peligrosos
Un Indominus rex que tritura, un Tyrannasaurus rex que pisa y golpea y una línea de juguetes plásticos que muerden y aporrean lanzados bajo la marca Jurassic World renuevan la idea de que pelear y morder no solo es aceptable, sino que también es alentador.

En octubre, tres niños fueron suspendidos de la Escuela Primaria Oaklawn en Boise, Idaho por pretender ser dinosaurios y morder a otros niños. En Eerie, Indiana, en julio, un grupo de niños de cuarto grado fue enviado a la sala de emergencias después de que un juego de dinosaurios con "garras y mordiscos" provocase heridas a varios de los niños.

MADTFCIOCLLC espera que puedan establecer una diferencia en las vidas de niños como estos al asegurar que la influencia de los dinosaurios en sus vidas sean eliminadas para siempre.

Después de asustarse innecesariamente por imágenes y sonidos de dinosaurios violentos a manos de su supuesto padre querido, y después de gritar en vano "papi" varias veces en busca de ayuda, este niño responde con escepticismo a la declaración de su padre de "te amo" y la duda es evidente en su cara

Sin embargo, es necesaria más que una guerra contra los juguetes para sofocar la industria masiva basada en mentiras. Y MADTFCIOCLLC entiende que el trabajo que están haciendo es solo parte de la solución. El Museum Industry Complex (MIC, que traducido sería el Complejo de la Industria de los Museos) tiene un gran interés en mantener a los dinosaurios en la vanguardia, y se esforzará de forma concertada y organizada para marcar realmente la diferencia.

"Es ahora o nunca", suspiró Butters. "Los niños crecen rápido y antes de que te des cuenta, el daño ya está hecho.



Esto no es más que una traducción cochambrosa de la noticia en inglés. Para ver la fuente original, pincha aquí. Ah, y para los que no lo sepan, IFLScience (Infallible Foundation Longevity Science) es una página satírica de ciencia. Así que, aunque a lo mejor no hacía falta explicarlo, esta noticia "probablemente" sea de coña...

Me lo chivó Magnetosopelane. ¡Gracias!

jueves, 15 de febrero de 2018

I Left My Heart in...

Hace poco ya veíamos por aquí parte del trabajo de David Orr junto a su pareja Jennie Orr en Blue Aster, el estudio de diseño e ilustración que han creado en Bloomington (Indiana, Estados Unidos). Como comentábamos, Orr es uno de los integrantes del blog "Love in the Time of Chasmosaurs" y tiene una prolífica obra como paleoilustrador. Hoy queremos destacar su serie "I Left My Heart in..." en formato camiseta, en la que hace un viaje a través de diferentes periodos geológicos. Puedes conseguirlas por algo más de veinte dólares en la web de Studio 252MYA:








miércoles, 14 de febrero de 2018

El arcoíris mesozoico de Windy Flamingo

Windy Flamingo, cuyo verdadero nombre es Tasha Mukanik, es una ilustradora de Alberta (Canadá). Desde 2014, lleva publicando semanalmente el cómic "The Sanity Circus" en la web SSP Comics, de la que es fundadora junto a otros compañeros. Además, es frecuente verla compartir ilustraciones con referencias dinosaurianas en su Tumblr o su DeviantArt. Entre sus últimos dibujos destaca esta serie de grupos faunísticos mesozoicos, que unidos, dan lugar a un arcoíris. Ahí lo dejamos:






martes, 13 de febrero de 2018

Poncho Pilates (Charlie Charmer) (I)

Blob, blob. El aguacero era historia. Las gotas que se habían remoloneado en las copas de los frenolopsis y weichselias de la orilla se deslizaban ahora por las ramas más bajas, hidratándolas con su esencia vivificante antes de saltar a la charca. Blob, blob, blob. La claridad del alba reflejada en la superficie ondulante fue dibujando lentamente el contorno del promontorio donde Poncho había pernoctado sin atreverse a mover una pata. Al estallar la tormenta, la prudencia había aconsejado al viejo coleóptero acudir a la zona más elevada del terreno y esperar allí a que escampara en lugar de intentar escapar a ciegas para, con toda probabilidad, acabar arrastrado por la corriente. Luego, el nivel del agua había subido de tal modo que la cumbre se había transformado en un reducido islote, dejándole aislado en el centro del pantano. Blob, blob.

Muchos inversores dejan toda la responsabilidad de la gestión en manos de sus gerentes y se conforman con ver que sus cuentas corrientes crecen cada día que pasa. Para el señor Pilates, eso era media realidad. El éxito solo era posible si conseguía mejorar la calidad de vida de sus trabajadores y clientes. En otro caso, el negocio debía calificarse de estafa. Llevado del celo profesional, había adelantado su visita de fin de temporada para poder apreciar la calidad del servicio cuando todavía acudía al gimnasio un volumen considerable de clientes, y ahora sufría las consecuencias. Sin embargo, no se podía tachar al empresario de temerario o inconsciente; hacía décadas que no llovía de ese modo una vez que arrancaba la estación seca.

La inundación parecía, sin embargo, un mera anécdota para los habitantes del humedal, que se salpicaban unos a otros corriendo en todas direcciones. Los anfibios habían desaparecido durante la noche, peces y crustáceos se enterraban en el fondo o se dejaban llevar a la deriva ocultos bajo la masa viscosa formada por algas y bacterias que flotaba sobre aquél. Pequeños insectos dejaban intuir su paso con un rastro en forma de largos surcos rectos que surgían por doquier y se abrían en infinidad de ondas hasta difuminarse o cruzarse con otra estela. Las nipas podían salir volando, quedarse flotando boca abajo para camuflar su caparazón, manchado de cieno, junto a las hojas de los nenúfares y las algas de la superficie o correr a esconderse en las oquedades entre las rocas de la ribera. Pero aquellas enormes chinches acuáticas eran las reinas de la charca, atravesaban a los pececillos con su largo pico para extraerles toda su esencia vital, devoraban vivas a las libélulas que se acercaban incautas a sus dominios e incluso habían terminado con más de un batracio inyectándole su mortífero veneno. Su orgullo les impedía huir ante ningún enemigo.

A Poncho no se le escapaba, con todo, la gran agitación de que sus temidas clientes eran presa aquella mañana. Los heraldos del concejo que iban a visitar al rey se cruzaban con los nobles que le representaban ante el sumo sacerdote, y los monjes que acudían a las cofradías con los embajadores que los gremios enviaban a casa de los munícipes. De vez en cuando, la espesura devolvía un crujido o un gruñido. Entonces, todos ellos se detenían y se erguían sobre la superficie mirando hacia la orilla, hasta que la falsa alarma pasaba y regresaba la algarabía a la plaza. En medio de aquel hervidero, el escarabajo pelotero creyó distinguir al belostomátido encargado de su gimnasio, que acudía escoltado por un par de alguaciles a alguna de aquellas importantes reuniones.

- ¡Judas! ¡Eh, Judas! –le llamó.

- Buen día, señor Pilates –por temidos que los nipas fueran en el ámbito lacustre, cuidaban las formas de tal modo que la descortesía se castigaba de modo irreversible con la infamia de por vida.

- Buenos días, ¿podrías conseguirme una hoja que me permita navegar hasta la orilla?

- Disculpad mi atrevimiento, pero ¿por qué no voláis, sin más?

- Me temo que lo intenté antes de tiempo y, al abrir los élitros, resbalé golpeado por la lluvia y me llené de barro. Tengo las alas arrugadas y enfangandas. No quiero intentarlo y caer al agua a medio camino.

- Lamento no poder atenderle en este momento, señor, pero nos esperan en palacio con urgencia.

- Vale, vale. Solo dime, ¿qué está pasando aquí? ¿por qué anda todo el mundo tan revuelto?

- Es el monstruo. Se acerca la hora.

- ¿El monstruo?¿qué monstruo?

- El monstruo del bosque, viene por el sacrificio de cada día. Lo siento, señor. Si no acudo inmediatamente, Su Majestad se enfadará seriamente conmigo. Además de mi cuello, el negocio podría sufrir las consecuencias.

Los oficiales se inclinaron en una leve reverencia y reanudaron su camino junto al atribulado Judas. Poncho comenzó a darse cuenta de que la situación podía empeorar aún más. El ajetreo continuó hasta que las ramas de las coníferas cercanas comenzaron a crepitar y el silencio más absoluto se instaló en la ciénaga. Los pasos de la bestia retumbaban como mazazos en la maleza transmitiendo sus vibraciones hasta la superficie acuática, barriendo la laguna en ondas concéntricas que se enervaban para volver a resurgir cada vez con más fuerza. Las copas de los árboles se agitaban y las aves los abandonaban, escapando hacia las nubes entre graznidos de pavor. Algunos hemípteros no pudieron resistir la tensión y corrieron a buscar sitio entre el lodo del fondo. Poncho estuvo a punto de rodar isla abajo un par de veces. Se agarró con fuerza a la tierra, pegando el abdomen y clavando todas su patas. De pronto, el ruido cesó. Nadie se movió un milímetro. El empresario levantó un poco el protórax apoyándose en las patas delanteras y agitó los palpos maxilares en un espasmo nervioso. Igual de súbitamente, los grandes helechos más próximos a la orilla se abrieron y el monstruo, un enorme pelecanimimus envuelto en plumas negras y blancas, surgió de la nada con las fauces abiertas mostrando sus temibles hileras de afilados dientes.

La bestia entró en el agua de un salto, agitando sus pequeños brazos emplumados, de los que se desprendieron algunas barbas albas por el esfuerzo que el viento arrastró, haciendo aterrizar parte junto al islote donde Poncho se lamentaba de su suerte, sabiéndose la víctima más visible para el recién llegado depredador. Tras un rápido barrido visual del escenario, el ornitomimosauriano le enfocó con sus enormes ojos y observó la pequeña plataforma donde el infortunado coleóptero había quedado confinado, preguntándose posiblemente si se trataba de una especial presentación de su festín de aquella jornada. Luego movió la cabeza en todas direcciones, y su cresta repitió sus movimientos como un pelele. Por fin, se acercó al empresario y, abriendo la boca, le mostró la bolsa de la papada, donde podía llegar a caber un turbomesodon adulto o una familia completa de pseudoastacus. De los restos tumefactos en descomposición distribuidos entre los recovecos de la bolsa y los más de doscientos dientes que poblaban su mandíbula emanaba un vapor hediondo que tenía la virtud de anestesiar a la víctima antes de que pudiera llegar a sentir el mortal mordisco.

Poncho tuvo la certeza de que había llegado su fin, agachó la cabeza y se concentró en un solo pensamiento: pese a todo, la vida había merecido la pena.

(continuará...)

CHARLIE CHARMER

lunes, 12 de febrero de 2018

Unas cuantas ilustraciones dinosaurianas... (XX)

"Invasion of the Dinosaurs With Laser Eyes" (Francisco Hnilo)

Nueva tanda de ilustraciones con dinosaurios de muy diferentes estilos y procedencias. Desde el dibujo más clásico hasta diseños digitales, encontramos a os omnipresentes terópodos (lo que ya no es una sorpresa...), pero también ceratópsidos con originales coloraciones. Ahí lo dejamos:

"Con los codos pegados al torso" (Ata Lassalle)

"Art Dino" (Rafael Vallaperde)

"Strawberry Shortcake Chasmosaurus" (Cameron Clow)

"Murder in the Mesozoic" (Chris Moet)

"Desert Raptor" (Jesse G.)

viernes, 9 de febrero de 2018

Los lagartos terribles mexicanos de Saúl Velasco

Saúl Velasco es un artista nacido en la isla de Gran Canaria, aunque afincado en Lanzarote. Ha estudiado Ilustración en la Escuela Superior de Dibujo Profesional (ESDIP) de Madrid y hace un par de años quedó finalista entre más de 400 participantes en la 3ª Edición de Illustraciència (Premi Internacional d’Illustració Científica), organizado por la Associació Catalana de Comunicació Científica. La paleontología está muy presente en gran parte de su obra y una muestra de ello es esta serie de ilustraciones de cráneos dinosaurianos con estética del día de los muertos mexicano. Puedes echar un vistazo a estos diseños en Paleoarteymás, la tienda de Saúl en RedBubble.


Parasaurolophus skull

Brachiosaurus skull

Lambeosaurus skull

Tyrannosaurus rex skull

Triceratops skull

Dilophosaurus skull

miércoles, 7 de febrero de 2018

Error Dino

Pampling es una franquicia especializada en la realización de camisetas originales, con casi quince años de experiencia y más de una treintena de locales en España, Alemania e Italia. Los diseños son realizados por diversos ilustradores de todo el mundo, los cuales presentan sus propuestas a concurso, y si resultan ganadores, serán impresos en prendas tanto masculinas como femeninas para su venta posterior. Aparte de camisetas, Pampling ha ampliado su catálogo incluyendo calcetines, carcasas de móviles, bufandas, mochilas, tazas o zapatillas entre otros productos. Y entre las zapatillas, destaca el modelo Error Dino, con un estampado con el dinosaurio del mensaje de error de Google Chrome. Se puede conseguir aquí por algo menos de cuarenta euros.



martes, 6 de febrero de 2018

Permiso retribuido (Charlie Charmer)

- ¿Por qué no habrá dinosaurios marinos? –se preguntó Perico mientras sacaba de la mariconera el bote de bronceador y se untaba otra capa en los brazos y el entrecejo- Si esto es el paraíso.

Cuando aceptó aquel trabajo no podía haber previsto los placeres que escondía. No era solo el hecho de pasar la jornada sentado cómodamente mirando a Poniente tras sus gafas de sol, con un daiquiri en el reposabrazos. Las sensaciones que su predominancia en primera línea de playa le proporcionaban no tenían precio. Aunque duplicaran o triplicaran su tamaño, desde su atalaya, todos aquellos dinosaurios parecían pequeños insectos. La brisa le acariciaba las plumas del rostro y el océano mismo se rendía a sus pies.

Pero en el pecado llevaba la penitencia. De vez en cuando, el dromeosáurido recibía la visita de alguna hadrosauria provocativa que, al pie de la torreta, le animaba a bajar a darse un chapuzón y debía hacer grandes esfuerzos para recordar cuál era su deber. Siempre es socorrido recurrir al dulce recuerdo de Santa Nómina y nuestro socorrista llevaba mucho tiempo sin disponer de unos ingresos fijos.

Perico era, seguramente, el mayor defensor de la nueva política laboral del gobierno. Los sociólogos contratados por el Ministerio habían llegado a la conclusión de que, del mismo modo que la reducción de la jornada de veinte a ocho horas había contribuído decisivamente al mayor rendimiento de los trabajadores, el hecho de disfrutar de un permiso retribuido de varios días al año no solo les haría recargar las pilas sino que impulsaría el turismo, que estaba apuntando ya maneras de convertirse en un auténtico motor de la economía iberoarmoricana. “Vacaciones” lo llamó el Ministro, para explicar que parte de la plantilla quedaría vacante durante dicho periodo, abriéndose de este modo la posibilidad de la contratación temporal para cubrir esas bajas, fulminando las listas del paro. Todo cuadraba.

En el caso de Perico, las vacaciones eran justo lo contrario, la opción de poder trabajar para luego tener algo con que tirar el resto del año. Los camareros de los chiringuitos de la zona estaban en la misma situación. Pero los que más se frotaban las manos eran los constructores y los políticos de la costa, que ya habían empezado a recalificar suelo para edificar grandes hoteles donde albergar a los turistas, en vista del éxito rotundo que había tenido la medida. Sin exagerar, podría afirmarse que en aquel pedacito de playa de Levante había al menos diez mil hadrosaurios y otros mil o mil quinientos dinosaurios de otras especies.

- Tío Dmitri [1], ayúdame a acabar mi foso. Cada vez que viene la marea, me lo inunda.

- Ufff. Estoy muy a gustito aquí tirado, ¿por qué no se lo dices a tu padre?

- Es que le enterré hace un rato y dice que está muy fresquito y que no quiere salir.

- Está bien, ya voy…

Cuando caminaba hacia la orilla, el viejo tsintaosaurio se cruzó con dos hadrosaurias maduritas pero de muy buen ver que, al verle, comenzaron a cuchichear entre risitas tontas. Escamado, se miró de arriba abajo y comprobó que tenía toda la piel enrojecida cual cangrejo. Se palmó alarmado y tuvo que reprimir un gemido para no quedar mal delante de las féminas.

- Parece que me he quemado un poco –las sonrió.

- Claro, saurio. Es que hay que usar protector. Lo han dicho por la radio –dijo la telmatosauria, más lanzada que su compañera.

- No tendrán ustedes un poco para dejarme…

- Lo que ahora necesita es una buena crema hidratante. Espere, que ahora volvemos.

Dmitri no podía dejar de mirar cómo meneaban la cola mientras se alejaban entre la multitud. Se agachó junto a su sobrino y comenzó a cavar con la palita hasta llegó al nivel del agua.

- Tío… Mira cómo me has puesto.

El tsintaosaurio volvió la cabeza, olvidando por un instante a aquellas monadas, a las que el gentío le impedía ya seguir rastreando, y comprobó que había rebozado a su sobrino en tierra mojada, como a un croqueta. Lo levantó entre sus fornidos brazos y se lo llevó al agua, dejándolo caer entre la espuma. Al golpear las olas, la criatura salpicó a una tarascosaurio que llevaba veinte minutos tratando de acostumbrarse a la temperatura del agua. Resoplando, se volvió hacia los tsintaosaurios con los ojos inyectados en sangre y abrió sus fauces amenazante. Solo evitó la tragedia la pronta intervención de un joven albanerpeton que llegó corriendo desde la orilla.

- Mamá, tranquila. Ha sido sin querer.

Aunque los consejos de su hijo adoptivo y el arrullo de la brisa acabaron por templar el temperamento de la señá Amparo [2], la terópodo decidió dejar las incursiones marinas para mejor ocasión y disfrutar de la tranquilidad de su hamaca.

En cuanto a Dmitri, al regresar donde había dejado la toalla estuvo a punto de provocar un nuevo incidente cuando pisó un cigarrillo que alguien había dejado tirado sin apagar. Miró en todas direcciones, pero no pudo averiguar quién había sido el inconsciente responsable de su quemadura. Aunque había una pareja tumbada muy cerca haciéndose arrumacos, su cariñosa actitud le hizo pensárselo dos veces antes de molestarles. Al ver llegar a lo lejos a una de las hadrosaurias que le había prometido volver con la crema, desistió por completo de su reivindicación y volvió a tumbarse.

- Aquí estoy, espero que esto le calme un poco.

- ¿Y tu amiga?

- Le apetecía darse un baño y se ha quedado allí. Para traer un bote, con un par de manos basta.

- Muchas gracias, preciosa, ¿cómo te llamas?

- Vaya, no te andas por las ramas, ¿eh? Yo soy Telma, ¿y tú?

- Dmitri –dijo, mientras se embadurnaba por completo, cerrando los ojos de gusto al notar el frescor en la piel.

- Anda, date la vuelta Dmitri, que te unto en la espalda. Estás bastante fuerte, ¿eres deportista?

- Mecánico. Me paso el día golpeando chapa. ¿Y tú?

- Soy músico. Antes estaba en un grupo de rock, pero ahora me gano la vida tocando pachanga en las fiestas de los pueblos para que bailen los abueletes. Hay que vivir.

En el puesto de socorrista, Perico levantó la visera que llevaba atada a la cabeza. Creía haber vislumbrado algo moverse sobre la superficie, a lo lejos. Tomó los prismáticos y recorrió las olas casi instintivamente hasta que lo encontró. La grisácea aleta dorsal de aquel selacio no le inquietó especialmente (cualquiera se atrevía a liarla con la cantidad de dinosaurios que había allí)… hasta que comprobó que le seguían, en rigurosa formación, otras diez o doce. Y en la línea del horizonte comenzaban a surgir más. El dromeosáurido concluyó que, a pesar de todas sus precauciones, había terminado cogiendo una insolación. Pero pronto iba a comprobar que no se trata de ninguna alucinación. A escasos metros de los bañistas, otro tiburón, un imponente carcharias, había emergido y, con medio cuerpo fuera de la superficie, se dirigió a los congregados empuñando un megáfono.

- Les habla la policía. Esta manifestación no está autorizada. Tienen que disolverse.

La gente se miraba sin dar crédito a lo que acababan de oír. Hugo, el pequeño tsintaosaurio, no acababa de entender lo que estaba pasando.

- Papá, yo pensaba que los dinosaurios no éramos solubles en el agua.

- Nadie nos va a disolver, no te preocupes hijo.

- Repito. Tienen que disolverse. Esta manifestación no está autorizada.

Entonces resonó una nueva voz, a espaldas de los bañistas.

- Aunque inviertas el orden, sigue sin tener sentido. Esto no es una manifestación, carcario.

Perico no tenía mucha experiencia como diplomático. Terminar la frase con un término tan despectivo como carcario (mezcla de carca y ario, se empleaba contra algunos carcharias fascistoides que creían pertenecer a una raza superior) no podía ser una buena carta de presentación. Sin embargo, su público, en la orilla, le respondió con una ovación. Eso de que se presentara allí de buenas a primeras aquel selacio color ceniza a asustarles con semejantes tonterías cuando estaban descansando tras tantos años de duro trabajo, no era de recibo.

- La tierra será patrimonio de ustedes, pero aquí hay metidos en el agua bastante más de veinte saurios, y no nos consta que hayan pedido permiso –explicó el carcario.

A diferencia de la mayoría de los bañistas, Perico podía observar desde la altura que le proporcionaba su atalaya cómo aquellas decenas de aletas que se habían ido aproximando desde el horizonte tomaban posiciones en la ensenada para controlar todos los accesos al mar, cerrando la playa en una formidable pinza virtual. Los pocos bañistas lirainosaurios, que habían oteado a conciencia el panorama estirando sus interminables cuellos, empezaron a recoger sus cosas y se marcharon sin decir nada. “Típico de saurópodos” –pensó Perico, antes de retomar el megáfono.

- Son bañistas. Están de vacaciones. Nadie pretende manifestarse –esta vez, el dromeosáurido omitió todo epíteto despectivo.

- Entonces, ¿por qué han desplegado todas esas pancartas redondas que han pinchado en la arena? ¿y por qué han oído a algunos gritar “viva la libertad” al chapotear en el agua? Si no salen del agua inmediatamente, nos veremos obligados a cargar.

Perico pudo ver cómo los carcharias asomaban la cabeza un instante para colocarse el casco. Pero no tuvo tiempo de reaccionar. Abajo, la gente esta realmente indignada por aquella intromisión en su recién estrenado tiempo de esparcimiento, al que no estaban dispuestos a renunciar tan fácilmente, una vez saboreado. Uno de los hadrosaurios más intrépidos, que se había ido acercando buceando hasta donde estaba aquel energúmeno que les quería chafar la fiesta, emergió de pronto junto al selacio y le arrebató el megáfono, arrojándolo lo más lejos que pudo. Enervado por completo, el carcharias sacó un silbato y sopló con todas sus fuerzas. Los diferentes pelotones de antidisturbios respondieron a una, saltando porra en mano sobre las olas, sumergiéndose para nadar velozmente en dirección a quienes, consideraban, habían invadido ilegítimamente su espacio. El socorrista pudo ver sus sombras grisáceas avanzar como relámpagos hacia la orilla a pocos palmos bajo la superficie.

- ¡Los griseees! ¡Corran, que vienen los grises! –Gritó el dromeosáurido, en pie sobre la torreta.

Al ver al oficial despojado de su megáfono lanzarse en plancha a por el hadrosaurio que le había desafiado de aquel modo y sumergirse con su cabeza entre las fauces en el fondo del océano, los bañistas comprendieron que la advertencia del socorrista no era en vano y echaron a nadar en dirección a la costa del modo más caótico y desordenado posible, pateándose unos a otros y aplastando a quien pillasen al llegar a la arena. Siguiendo el salvaje ejemplo de su jefe, los antidisturbios se emplearon a fondo, con la porra y con los dientes, lo que prohibía el reglamento. Pronto, la sangre de los nadadores más rezagados comenzó a teñir el agua. Algunos selacios, que se habían infiltrado entre los “manifestantes” emergieron de pronto, lanzando dentelladas a diestro y siniestro. En el frenesí, uno de los antidisturbios mordió la cola de un “infiltrado”, que se revolvió gritando:

- ¡Que soy compañero, coño!

Espantados por el espectáculo y por la avalancha de dinosaurios que salían despavoridos del mar, los dinosaurios que tomaban el sol más cerca de la orilla echaron también a correr, sin pararse siquiera a recoger sus cosas, levantando grandes nubes de polvo y arena en la carrera. Les siguió el resto de los veraneantes y pronto toda la playa se vio envuelta en una espesa calima que impedía comprobar lo que realmente estaba pasando.

Perico notaba cuando la gente chocaba contra la base de su torre, pero no podía verles. El puesto del socorrista fue zarandeado varias veces hasta que terminó por venirse abajo. El dromeosáurido agitó cuanto pudo sus alas durante la caída y consiguió aterrizar un instante después de los troncos, evitando de este modo morir aplastado. Aún así, el choque fue brutal y tardó un buen rato en recuperarse. Cuando logró erguirse sobre sus patas, la calima estaba comenzando a despejarse.

El espectáculo que se encontró era dantesco. La arena era un barrizal sanguinolento sembrado de cuerpos agonizantes. No habían respetado edades ni sexos. Y todavía algunas alimañas carroñeras aprovechaban para despojar los restos. En el curso intensivo de primeros auxilios que había recibido tan solo una semana antes de empezar a trabajar no le habían preparado para aquella masacre. Trató de ayudar como pudo a ponerse en pie a los que aún podían valerse por si mismos y practicó decenas de torniquetes, hasta quedar exhausto. Cuando llegó a la orilla, se dejó caer desfallecido en la arena, desolado ante el obsceno espectáculo de aquel siniestro océano rojizo sobre el que flotaban cientos de miembros amputados.

Ahora ya sabía porqué no había dinosaurios marinos.

CHARLIE CHARMER

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[1] Véase "Pequeños bastardos".
[2] Véase "Plancton deconstruido".

lunes, 5 de febrero de 2018

La dinofilia de Levi Hastings

Levi Hastings es un ilustrador de Seattle (Washington, Estados Unidos) con diversas influencias procedentes del mundo de la cultura, la ciencia, la historia o los viajes. Ha trabajado para multitud de empresas, como HBO o Absolut, y su obra ha aparecido en publicaciones como The Stranger o Portland Mercury. También ha realizado varias exposiciones en convenciones de cómics, festivales y galerias del Pacífico Noroeste norteamericano. De su extensa obra, nos ha interesado esta serie de ilustraciones que ha denominado "Dinophilia", posiblemente en referencia a su afición por los lagartos terribles.











Me lo chivó Magnetosopelane. ¡Gracias!

viernes, 2 de febrero de 2018

Jurassic BurgEgg

Fat & Furious Burger nace de la unión de Thomas y Quentin, fundadores del estudio de diseño gráfico Furious, como un proyecto que fusiona arte y gastronomía. La idea era improvisar y experimentar cocinando imaginativas hamburguesas una vez a la semana. Buscaban una idea, compraban los ingredientes, cocinaban, hacían una composición del resultado y se lo comían. Utilizando todo tipo de ingredientes han intentado reinventar el concepto de hamburguesa, consiguiendo casi un centenar de recetas que han recopilado en "Fat & Furious Burger" (Éditions Michel Lafon, 2014). De todo su catálogo carnívoro, nos gustaría destacar la Jurassic BurgEgg, con forma de huevo dinosauriano y que incluye entre sus ingredientes steakosaurus, pepinillosaurus, queso camemberodactilo, raptomate verde y col rizadaratops.

jueves, 1 de febrero de 2018

Curse of the Tyrannosaurus Mummy

Está probado que los dinosaurios no avianos no llegaron a convivir con el ser humano, pero... ¿y si algunos ejemplares de estas enormes criaturas mesozoicas se hubieran momificado y millones de años más tarde hubiesen sido resucitadas mediante la lectura de un papiro que se encontraba junto al cuerpo que en realidad era un conjuro para devolverlo a la vida en el presente junto a los humanos? Bueno, a lo mejor es un poco rebuscado, pero suponemos que algo así debió pensar Chris Moet cuando realizó este diseño de camiseta para Threadless. Puedes conseguirla aquí por algo menos de veinte dólares.

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